El 30 de julio de 1905, un grupo integrado por quienes serían figuras destacadas del socialismo argentino, fundaron El Hogar Obrero, la cooperativa emblemática en la prestación de servicios vinculados al consumo y a la vivienda.

A 120 años de aquel mojón en la historia de la economía solidaria argentina, la institución se encuentra en etapa de recuperación de esas prestaciones que tanta incidencia tuvieron sobre la población, sobre todo de clase media. Con la reinauguración de un Supercoop en el barrio porteño de San Telmo, se da por iniciado un camino que proyecta más bocas de venta para dar respuesta a las necesidades de consumo.

Supercoop de San Telmo, el inicio de la recuperación

Para llegar a esta instancia, la cooperativa debió superar el largo período del concurso de acreedores que se inició en 1991. Fue luego de la implementación del plan Bonex, que consistió en la toma por parte del Estado, de todos los depósitos a plazos fijos que superaran cierto monto, recibiendo a cambio los ahorristas, un bono con vencimiento a diez años. La medida, avalada por la Corte Suprema de Justicia, abrió una nueva crisis que derivó en cierres, quiebras y concursos.

El presidente del actual Consejo de Administración, Néstor Fiumano, evocó aquel proceso que sacó parcialmente del mercado a la cooperativa: “Fue crucial para una organización que todos sus excedentes los invertía en obras, no los guardaba en una caja especulativa. Además, las entidades de la economía social no contaban con la simpatía del gobierno de entonces. No tuvimos ningún apoyo, ni siquiera del Banco Nación, siendo que la nuestra era la cuenta corporativa más antigua en ese banco. Así que decidimos pelear el concurso con nuestras propias armas. En ese tiempo teníamos unos 4,5 millones de consumidores en todo el país, 2 millones de socios y 140 mil acreedores”.

El Hogar Obrero nunca pensó en la quiebra, ni mucho menos en su disolución. Por el contrario, hizo frente a la situación y efectivizó los pagos a todos sus acreedores. Sucede que la cooperativa tenía más bienes que deudas, por lo que, vendiendo parte de su patrimonio, fue suficiente para culminar con éxito el proceso del concurso. Al final del mismo, quedó un activo residual, que permitió retomar uno de los servicios que caracterizaron a la entidad, la construcción de viviendas. Así se erigieron complejos habitacionales en Paso del Rey, en el partido de Moreno, en Boedo y en Monserrat. Actualmente están en marcha dos planes en Morón y otro en Pompeya.

El dirigente Néstor Fiumano, convalidó el pensamiento de volver a las fuentes: “Siempre pensamos que, después de la convocatoria de acreedores, teníamos que volver a los orígenes, o sea, la construcción de viviendas y la reinserción en el área de consumo.

“En este último, vimos que en ciudad de Buenos Aires sería muy difícil abrir nuevas bocas de venta en soledad, y salir a competir con las grandes cadenas; sobre todo pensando en que lo nuestro es la prestación de servicios, si no lo hacemos así, el Supercoop no tiene razón de ser. Al estar integrado a la Federación Argentina de Cooperativas de Consumo, establecimos una alianza con la Cooperativa Obrera de Bahía Blanca, que hoy es la séptima cadena de supermercados del país, con más de 150 locales. A través de un convenio marco de integración, nosotros aportamos la marca y los locales, y ellos, su logística”.

El plan de la cooperativa es continuar en esta línea, y por eso ya están en carpeta las próximas reaperturas, según lo explica su dirigente: “La idea es avanzar lentamente, pero con firmeza. Por eso, en los próximos seis meses vamos a poner en funcionamiento los supermercados de los barrios de Caballito, Saavedra, Monserrat y otro en cercanías del Congreso. Además, uno más en la localidad de Lobos, fuera de CABA”.

El complejo habitacional de Paso del Rey, en Moreno

Cuando El Hogar Obrero funcionaba a pleno con todas sus sucursales, el servicio de consumo originado en la economía social representaba el 20% del consumo total de alimentos del país. En el presente, ese nivel bajó al 5%, sostenido por otra organización análoga, la Cooperativa Obrera y otras pequeñas entidades del interior. Hay razones para creer que se puede volver a transitar un camino que ya demostró sus resultados en otros tiempos. Desde la reapertura del Supercoop de San Telmo, en diciembre pasado, se integraron 14 mil nuevos socios a la cooperativa.

El lema histórico de la cooperativa se basó en la convicción que el consumo debía llegar al público a un precio justo. Fiumano sostiene que es posible sostener esa premisa: “Podemos por la simple razón que no hay fin de lucro; estamos para prestar un servicio y no necesitamos que nuestros funcionarios viajen por el mundo o que los propietarios de la cadena vivan en Francia y se lleven los dividendos afuera. A eso hay que sumarle la cantidad de marcas propias, de excelente calidad, que son los productos que elabora la Cooperativa Obrera. Y en la medida que podamos abrir más locales, la logística será más eficiente y por lo tanto mejorar la competencia”.

Hoy la cooperativa está absolutamente saneada, sin deudas, con planes de viviendas en marcha y con este acuerdo de integración que permite reinstalar el cooperativismo de consumo y dar respuestas a la población.

En sus doce décadas de vida, se construyeron más de 5.200 viviendas; fueron pioneros en implementar la entrega de productos a domicilio y un sistema de tarjeta de débito. Por eso, la dirigencia asegura que, a pesar de las dificultades, o con el impulso dado por haberlas superado, se encuentran con un entusiasmo renovado.