Escribe Alejo D’Amico
La práctica del cooperativismo se debe dar a partir de la vivencia del niño: la experiencia, la práctica de actitudes, de formas de obrar y de actuar para con los demás y consigo mismo.
Co-operar es con-vivir, es relacionarse con los otros, lo que permite aprender por la experiencia propia. El conocimiento adquirido por la experiencia, queda grabado en el subconsciente del individuo para toda la vida y esa es la principal enseñanza.
La enseñanza escrita, la teoría, sirve de complemento a la enseñanza principal pues contribuye a expandir la conciencia de las personas.
El cooperativismo nos enseña que nadie, por más capacidades y conocimientos que tenga se basta a sí mismo, por lo tanto, nunca puede superar al grupo. En todo caso es parte del grupo y en consecuencia debe obrar con libertad y respeto mutuo, elementos esenciales para trabajar en armonía con los demás en pos de objetivos comunes.
Es fundamental que, en la actividad diaria, el individuo se relacione con el otro y no contra el otro. Cooperar es obrar en unión con otro u otros con un mismo fin. Lo que implica que haya correspondencia mutua, dentro de un sistema democrático, basado en el esfuerzo propio y la ayuda mutua, para satisfacer necesidades comunes.
Considerar los intereses de los demás, es la mejor forma de desarrollar el auto interés.




